"Si le cuentas esto a tu madre", dijo con calma, "me aseguraré de que no la vuelvas a ver". El silencio que siguió fue denso, sofocante.
La jueza detuvo el video. Miró a Caleb. Luego a mí. Y de nuevo a Harper.
“Se levanta la audiencia”, anunció. “Y este tribunal tomará medidas inmediatas”.
Ese día, no tuve que decir ni una palabra.
Mi hija habló por las dos.
Y fue allí, en esa sala silenciosa, que comprendí:
La verdad puede tardar…
Pero cuando llega, proviene de la voz más inesperada…
Y la más valiente de todas.
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