Mi marido tocó con orgullo el vientre de su amante embarazada, convencido de que por fin había conseguido un heredero, hasta que un solo sobre destrozó todo su imperio.

Finalmente.

Isabel continuó con voz firme.

—Mientras tú fantaseabas con una nueva dinastía, yo reconstruía la mía. Las cuentas de nuestras hijas están legalmente protegidas. Y la empresa... —sonrió levemente— ya no está bajo tu control.

Héctor abrió los ojos de par en par, incrédulo.

—¿Qué hiciste?

—Lo mismo que intentaste hacerme —dijo—. Lo planeé con antelación.

Se levantó, se puso el abrigo y volvió a mirar al hombre que la había humillado.

—Perdiste a tu familia persiguiendo una ilusión genética que nunca fue tuya.

Claudia huyó del restaurante llorando. Héctor permaneció sentado, destrozado, mirando el documento que había destrozado su orgullo.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.