He solicitado que tu madre esté presente para aclarar el asunto de los documentos. No sé si vendrá, confesé. Apenas me habla y cuando lo hace parece recitar lo que Roberto le dice que diga. Necesitamos que vengamos a Carlos. Su testimonio es crucial. Si confirma que firmaron esos papeles sin entender lo que significaban, tendremos un caso sólido. Decidí visitar a mi madre. Roberto no me dejaría entrar a su casa, así que le pedí a mi tía Marta que organizara un encuentro en su casa.
Al principio mi madre se negoció, pero Marta insistió tanto que finalmente accedió. Cuando llegué, mi madre estaba sentada en el sofá con aspecto cansado y nervioso. Me dolio verla así. Hola mamá, dije suavemente. Carlos respondió sin mirarme directamente. Mi tía se excusó para dejarnos hablar en privado. Me senté frente a mi madre buscando las palabras adecuadas. Te echo de menos. Dije finalmente: “La casa no es lo mismo sin ti”. Entonces, ¿por qué nos echaste? Su voz temblaba.
No te eché a ti, mamá. Te pedí que te quedaras. Eché a Roberto porque estaba apoderándose de algo que no le pertenece, algo que papá dejó para mí. Roberto ha cuidado de nosotros todos estos años. No, mamá. Roberto ha vivido a costa de nosotros en mi casa, sin pagar nada mientras cobraba rentas por sus otras propiedades. Propiedades que te ocultó. Su expresión cambió. No te creo. Saqué mi teléfono y le mostré las fotos de los registros de propiedad que había obtenido.
Sus ojos se abrieron con sorpresa al ver los documentos. Tres propiedades, mamá. y estos según registros las tiene desde antes de casarse contigo. Eso, eso no puede ser cierto, balbuceó, pero vi la duda en sus ojos. También sé que te ha prometido poner una de ellas a tu nombre si me ayudas a ceder la casa. Lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Había dado en el blanco. Tengo miedo, Carlos, confesó entre soyosos. ¿Qué pasará conmigo si no coopero?
¿Dónde viviré si Roberto me deja? Me arrodillé frente a ella y tomé sus manos. Conmigo, mamá. Tu lugar siempre ha estado conmigo en nuestra casa, la casa que papá compró para nosotros. Mi madre lloró más fuerte y la abracé, dejándola desahogarse. Cuando se calme, aborde el tema más delicado. Mamá, ¿recuerdas haber firmado algún papel cediendo tus derechos sobre la casa a Roberto? Se quedó pensativa secándose las lágrimas. Firmé muchos papeles después de que tu padre muriera. Roberto decía que eran para arreglar temas legales, impuestos.
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