Un funeral.
En público.
Con testigos.
Mi madre se puso de pie.
Bajé las páginas un segundo, intentando estabilizar la vista. Entonces mi madre se levantó, lentamente, como si la gravedad se hubiera duplicado.
No me miró primero.
Miró a mi padre.
Y la expresión de su rostro no era de ira.
Era toda una vida de miedo.
Finalmente se estaba quedando sin espacio para esconderse.
"No puedo seguir con esto", susurró.
La voz de mi padre se volvió aguda.
"No."
Pero todos estaban mirando.
La barbilla de mi madre tembló.
"Vivienne tenía razón", dijo. "Lo dejé pasar."
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
