Lo miré a los ojos.
“La destruiste el día que decidiste que la gente era desechable”.
“Este es el día en que todos finalmente lo ven”.
Ese día, no me sentí heredera.
Me sentí testigo.
Y comprendí lo que mi tía realmente me había dejado:
No solo un imperio.
Una responsabilidad.
Porque el dinero se puede heredar.
Pero la verdad hay que elegirla.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
