Mi sobrino se cayó de una silla sobre mí, lo que desencadenó el parto, mientras mis suegros restaban importancia al peligro. Aterrorizada, cogí el teléfono para llamar a mi marido, pero de repente ocurrió algo peor.

Mi sobrino de seis años estaba saltando en una silla, riendo a carcajadas, cuando de repente perdió el equilibrio y cayó hacia adelante, chocando contra mí por accidente. Un dolor agudo me recorrió el cuerpo y, en ese momento, rompí aguas. En lugar de reaccionar con urgencia, mi suegra y mi cuñada le restaron importancia. Desesperada y temblorosa, cogí el teléfono para llamar a mi marido, pero antes de que pudiera hablar, algo aterrador comenzó a suceder.

Me llamo Emily Carter, y esto ocurrió durante las últimas semanas de mi embarazo. Tenía treinta y ocho semanas, agotada, hinchada y contando los días, pero aún con la esperanza de que todo saliera bien. Esa tarde, estaba visitando a la familia de mi marido: su madre Margaret, su hermana Linda y Ryan, el hijo de seis años de Linda. Mi marido Daniel había salido un momento para hacer un recado y prometió volver en una hora.

Estaba sentada en el sofá, con una mano apoyada en mi vientre, sintiendo al bebé moverse dentro de mí. Ryan había estado inusualmente enérgico toda la tarde, saltando de silla en silla a pesar de los repetidos recordatorios para que parara. Intenté sonreír y mantener la paciencia, diciéndome que solo era un niño.

"Ryan, por favor, ten cuidado", dije con dulzura.

Se rió, volvió a rebotar y entonces la silla se volcó.

Todo ocurrió en segundos. Ryan resbaló, cayó hacia adelante y chocó contra mí sin querer. Su peso me golpeó el costado y el estómago al aterrizar.

El dolor fue inmediato e intenso. Grité y me agarré al sofá, con el corazón latiéndome con fuerza. Entonces sentí un calor repentino que se extendía bajo mí y el pánico me recorrió el cuerpo. Había roto aguas.

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