Dentro estaba la caja. Y una carta, esta vez dirigida a mí.
La abrí con manos ligeramente temblorosas.
“Serenya, eres lo más hermoso de mi vida. Quiero que esta Navidad sea un nuevo comienzo para ambos. Te quiero.” — Papá.
Me ardían los ojos.
“Lo siento”, susurré.
Papá levantó la vista del sofá.
“¿Perdón por qué?”
Busqué las palabras adecuadas.
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