Me lo tragué.
Por papá.
Parecía genuinamente feliz. Y después de la muerte de mi madre diez años atrás, habíamos sido solo él y yo durante tanto tiempo... Me repetía a mí misma que podía soportar a Mirabel. Al menos hasta que se recuperara.
Lo creí. Hasta una semana antes de Navidad.
Esa noche, papá me hizo un gesto para que lo siguiera a la sala. Tenía esa mirada seria y chispeante a la vez, como cuando prepara una sorpresa y se siente orgulloso de sí mismo.
En sus manos, una espléndida caja, envuelta en papel dorado que reflejaba la luz. Una gruesa cinta de terciopelo rojo, atada impecablemente.
Creo que contuve la respiración.
"Serenya", dijo en voz baja, "este año... tengo algo especial para ti".
Ya sentía mis dedos queriendo desatar la cinta.
"¿Qué es?", pregunté, incapaz de disimular.
Sonrió, pero tras su sonrisa, había un atisbo de vacilación. Una breve sombra.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
