"Una sorpresa. Pero necesito que me prometas algo".
"De acuerdo... ¿qué?"
Su tono se volvió más firme, casi solemne:
"No la abrirás antes de la mañana de Navidad".
Me puso la caja en los brazos como si contuviera algo frágil.
Déjalo debajo del árbol. Cuando lo veas, piensa en mí. Estaré fuera, pero te llamaré temprano. Volveré en cuanto pueda.
Asentí, demasiado conmovida para discutir.
Lo prometo. Te esperaré.
Me rozó el pelo con las manos y me besó la frente.
Gracias, cariño. Significa mucho para mí.
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