En modo "depredador".
Y en sus manos... estaba la caja dorada.
Mía.
La que papá me había dicho que no abriera hasta la mañana siguiente.
"Feliz Navidad, Serenya", dijo sin darse la vuelta, con una voz dulce que apenas disimulaba la frialdad que sentía.
Se me hizo un nudo en la garganta.
"Mirabel... ¿qué haces? Este es mi regalo."
Se giró lentamente, como si la interrumpiera. Sostuvo el paquete con una facilidad insultante, como si siempre hubiera sido suyo.
“Oh… no pongas esa cara”, susurró. “Tu padre te llena de regalos. Solo vamos a ver qué te ha regalado esta vez”.
Di un paso más cerca, temblando.
“Papá me dijo que esperara. Por favor, déjalo”.
Soltó una risita.
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