Dentro había una pequeña caja de terciopelo negro... y un sobre doblado por la mitad.
En el sobre, solo una cosa: su nombre, escrito con la letra de mi padre.
Mirabel tragó saliva con dificultad. Le temblaban los dedos al agarrar la carta. Arrancó el borde apresuradamente, como si el trozo de papel la asfixiara.
Entonces sus ojos recorrieron las líneas.
Y su rostro palideció aún más.
Movió los labios y finalmente leyó en voz alta, como si no tuviera otra opción.
"Mirabel... Si estás leyendo esto, significa que has hecho exactamente lo que temía." Su voz se quebró, y luego continuó:
"La semana pasada te oí hablar con tu hermana. Me sugeriste que te devolviera el regalo de Serenya. Dudé en confrontarte. Preferí darte la oportunidad de demostrarme que me equivocaba. Pero esta mañana, acabas de confirmar mis peores temores."
Sentí vibrar el aire de la habitación, pesado y cortante.
Mirabel continuó, cada vez más pálida.
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