Mi suegra aprovechó un momento de distracción para rebuscar en el paquete bajo el árbol: el que estaba destinado a mí. Pero en cuanto abrió la caja, su rostro se quedó completamente inexpresivo. Lo que acababa de descubrir, claramente, no estaba destinado a caer en sus manos.

"Le faltaste al respeto a mi hija. La menospreciaste. Y acabas de pasarte de la raya. Esta es mi despedida. Feliz Navidad."

La carta se le escapó de las manos, como si ardiera.

Agarró la caja con un gesto febril, la abrió... y la vi.

El anillo. Su anillo de compromiso. El que papá le había regalado.

Solo que yo conocía ese anillo. Lo había visto en fotos antiguas, en el dedo de mi abuela. Crecí con la idea de que pertenecía a nuestra historia, a mi madre, a mí… Y cuando papá se lo dio a Mirabel, sentí como si me arrebataran un pedazo de mi familia.

La sala se sumió en un silencio inquietante. Incluso la música navideña, que a menudo sonaba de fondo, parecía haberse desvanecido.

Mirabel respiraba agitadamente, como si se estuviera asfixiando.

Y entonces…

La puerta principal crujió.

Mirabel dio un salto tan violento que casi tiró el joyero.

"¿Calen?", susurró.

Me quedé atónita.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.