No pudo terminar la frase.
Lo abracé. “No quiso hacerle daño. La gente entra en pánico. La gente toma decisiones que no comprende del todo. Pensó que la estaba protegiendo.”
En los días siguientes, le entregamos todos los frascos al Dr. Simmons y permitimos que la clínica lo documentara todo. No había nada formal que investigar —Walter había fallecido y el derrame cerebral había quedado atrás hacía años—, pero descubrir la verdad era importante.
Era importante para cerrar el capítulo.
Para el cuidado futuro de Linda.
Y para el corazón de Mark, que por fin tenía respuestas en lugar de preguntas inquietantes.
Linda parecía más tranquila tras saber la verdad. Reinició la fisioterapia con renovada determinación. Y Mark, ya sin ahogarse en la confusión, se dedicó por completo a su recuperación, asistiendo a cada sesión, leyendo cada actualización y apoyándola con una claridad que no había sentido en años.
Y Sophie, felizmente inconsciente del peso que se había quitado, continuó ayudando a doblar la ropa, esta vez bajo una supervisión mucho más cercana.
Un mes después de que todo sucediera, encontré a Mark sentado junto a la cama de su madre, cepillándole el pelo con suavidad.
"Papá te quería", le susurró. "Se equivocó, pero te quería. Y me aseguraré de que hagamos todo bien de ahora en adelante".
Por primera vez en años, Linda sonrió de oreja a oreja.
Y algo en nuestra familia empezó a sanar silenciosamente.
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