Y lo hicimos.
En una semana, la verdad salió a la luz. Se inició una investigación. La dirección cambió. Se crearon nuevas políticas. Los niños finalmente fueron protegidos.
Meses después, Lily volvió a sonreír. Se unió a un grupo de apoyo para ayudar a otros a hablar.
Una noche susurró: "Mamá... la verdadera fuerza no está en ocultar el dolor. Está en compartirlo".
La abracé.
"Sí. Y juntos somos más fuertes".
Por primera vez en mucho tiempo, nuestro hogar volvió a sentirse en paz.
Porque esta vez no lo enfrentamos solos.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
