Mientras estaba en la recepción de mi propia boda, mi madre se inclinó y susurró: «Dale tu penthouse a tu hermana». La sala quedó en silencio mientras sonreía y decía: «Todos, por favor, miren la pantalla».

"Ya me oíste." Su mirada se dirigió a la multitud, asegurándose de que nadie le viera la cara. "Tu padre y yo estamos de acuerdo en que es lo justo. Chloe necesita estabilidad. Es familia."

Sentí un nudo en el estómago. "Yo pagué por ese lugar. Lo compré yo misma."

"Y ahora tienes a Ethan", espetó en voz baja. "Estarás bien. No lo arruines."

Chloe apareció a su lado como una sombra: mi hermana menor, perfectamente maquillada, con un vestido claro que desde ciertos ángulos parecía sospechosamente nupcial. No parecía avergonzada. Parecía con derecho.

La voz de Chloe era melosa. "Lauren, vamos. Sabes que he tenido un año difícil. Mamá dijo que lo entenderías".

La miré fijamente. "Un año difícil no es igual a mi casa".

Las uñas de mi madre se clavaron en mi brazo. "Harás esto esta noche. Hay gente mirando. No nos humilles".

Casi me reí de la ironía. ¿Humillarlos? ¿En mi boda?

Entonces recordé el mensaje que había recibido hacía tres semanas del administrador del edificio: "Sensores de la puerta activados. Alguien accedió al pasillo de servicio". Recordé la llave de repuesto que faltaba. Recordé a Chloe pasando por mi casa cuando yo no estaba.

Miré a mi madre, luego a Chloe, luego al escenario donde mi planificador había instalado el proyector para nuestra presentación.

Mi voz salió firme, más fría de lo que me sentía. "¿Quieres que nos encarguemos de esto esta noche?"

La sonrisa de Diane se acentuó. "Sí".

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