Entonces pulsé el botón de reproducción.
La voz de Carmen llenó la iglesia: fría, calculadora. La voz de Daniel la siguió: asintiendo, conspirando. Cada palabra sobre mi apartamento. Mi dinero. El plan para declararme demente.
La gente se quedó paralizada. Algunos se taparon la boca. Otros miraron a Daniel con incredulidad.
"¡Esto es mentira!", gritó Carmen. "¡Está manipulando todo!".
Pero todo había terminado.
Isabel se levantó y caminó hacia el altar, presentando sus credenciales.
"Soy la abogada de Laura Martínez", dijo. "Todas estas pruebas son legales y ya han sido presentadas a la fiscalía".
Daniel se desplomó en una banca. El sacerdote cerró su libro en silencio.
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