MILIONARIO RECUPERA EL OÍDO EN SECRETO… Y LO QUE ESCUCHA LO CAMBIA TODO…

Antes era divertido estar con él, pero ahora es como cuidar a un niño grande que no entiende nada. Valeria agregó, “Al menos tienes a la muchacha esa Libia que se encarga de la mayoría de las cosas.” Marcela resopló con desdén. Esa india se cree muy santa, siempre tan atenta con él como si fuera algo especial. Me da asco cómo lo mira, como si sintiera lástima o algo peor. Gael sintió la sangre hervirle cuando escuchó cómo se refería despectivamente a Libia, usando términos racistas que revelaban aún más su verdadera personalidad.

La verdad, continuó Marcela. A veces pienso que ella está enamorada de él, la pobre ilusa. Como si alguien como Gael fuera a fijarse en una empleada doméstica. Las risas que siguieron resonaron por toda la casa, pero en ese momento algo extraordinario sucedió. Libia apareció en la puerta de la sala habiendo escuchado los últimos comentarios. Lo que siguió fue una demostración de valentía y dignidad que Gael jamás olvidaría en su vida. Libia, con su delantal todavía puesto y las mejillas encendidas por la indignación, se plantó frente a Marcela con una firmeza que sorprendió a todas las presentes.

Disculpe, señora Marcela, pero no puedo quedarme callada después de escuchar eso dijo con voz temblorosa, pero decidida. El señor Gael es un hombre bueno, generoso y noble que no merece ser hablado así por nadie, especialmente por alguien que dice amarlo. Marcela, sorprendida por la interrupción, intentó intimidarla. ¿Cómo te atreves a meterte en conversaciones que no te incumben? Eres solo una empleada. Pero Libia no se echó atrás. Soy empleada así, pero también soy una mujer con dignidad y no voy a permitir que hablen así de una persona que admiro y respeto.

Sus palabras resonaron por toda la casa con una fuerza que Gael nunca había escuchado en su propia defensa. El señor Gael vale más que todas nosotras juntas, no por su dinero, sino por su corazón. Y cualquier mujer que no pueda ver eso no merece estar a su lado. El silencio que siguió fue ensordecedor, pero Libia no había terminado. Si ustedes no pueden valorar al hombre maravilloso que tienen enfrente, entonces el problema no es él, son ustedes. En ese momento, el corazón de Gael latía tan fuerte que pensó que todo el mundo podría escucharlo.

Las palabras valientes de Libia siguieron resonando en la mente de Gael durante días, como una melodía hermosa que no podía dejar de escuchar. Nunca en su vida alguien lo había defendido con tanta pasión y sinceridad, especialmente alguien que no tenía nada que ganar haciéndolo. Marcela había quedado tan furiosa después del enfrentamiento que se había encerrado en su habitación durante horas, negándose a hablar con nadie y amenazando con despedir inmediatamente a Libia. Sin embargo, Gael había intervenido escribiendo una nota firme.

Libia se queda, no se discute más el tema. Su prometida había aceptado a regañadientes, pero desde entonces el ambiente en la casa se había vuelto aún más tenso y artificial. Durante las comidas, Marcela apenas dirigía la palabra alivia, tratándola con una frialdad que rayaba en la hostilidad abierta. En contraste, Gael comenzó a observar a su empleada doméstica con ojos completamente nuevos, notando detalles que antes había pasado por alto en su mundo de silencio y autocompasión. La manera como Libia caminaba por la casa con una gracia natural, como sus ojos brillaban cuando sonreía genuinamente y especialmente cómo había arriesgado su trabajo para defenderlo sin esperar nada a cambio.

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