Durante las noches difíciles, cuando Gael tenía pesadillas sobre el accidente o se sentía abrumado por la frustración, Marcela simplemente se quejaba de que sus movimientos la despertaban y se cambiaba a la habitación de huéspedes. En contraste, Libia parecía tener un sexto sentido para sus momentos de angustia, apareciendo silenciosamente con una taza de té de manzanilla y una nota que decía cosas como, “Mañana será un día mejor o Dios tiene planes hermosos para usted. ” Esos pequeños gestos de comprensión genuina comenzaron a sanar heridas en el corazón de Gael, que ni siquiera sabía que tenía.
La epifanía final llegó una noche lluviosa de abril, cuando Gael se dio cuenta de que había estado buscando el amor en el lugar equivocado durante años. Marcela había salido a cenar con sus amigas, probablemente mintiendo otra vez sobre sus verdaderos planes, y él se encontraba en la biblioteca leyendo mientras escuchaba el sonido relajante de la lluvia contra las ventanas. Libia entró para recoger las tazas del té que había servido esa tarde y cuando pensó que él no la veía, se detuvo frente al gran retrato familiar que colgaba en la pared.
Era una foto de Gael con sus padres tomada antes del accidente, donde se veía feliz y lleno de vida. Libia lo observó durante varios minutos con una expresión de ternura infinita y luego murmuró muy suavemente, “¡Qué hombre tan hermoso, Dios mío. Algún día volverá a sonreír así.” En ese momento, Gael comprendió que se había enamorado perdidamente de una mujer que lo amaba no por lo que tenía, sino por quien era en su esencia más profunda. Libia veía en él cualidades que ni siquiera Marcela había reconocido cuando estaba en la cima de su éxito y había estado dispuesta a arriesgar todo para defenderlo cuando él más lo necesitaba.
El amor que sentía creciendo en su pecho era diferente a todo lo que había experimentado. No era la atracción superficial que había sentido por Marcela, sino un reconocimiento profundo de que había encontrado a su alma gemela en la persona más inesperada. Esa noche, Gael tomó la decisión más valiente de su vida. Le diría la verdad sobre su audición sin importar las consecuencias. La oportunidad perfecta para la confesión llegó tres días después, durante una tormenta eléctrica que azotó Tijuana con una intensidad poco común para la temporada.
Marcela había viajado a Guadalajara supuestamente para una exposición de moda, pero Gael sabía por sus conversaciones telefónicas que en realidad se había ido con Roberto Mendoza a pasar un fin de semana romántico. La ironía de la situación no se le escapaba. Mientras su prometida lo traicionaba abiertamente, él estaba a punto de confesar la verdad más importante de su vida a la mujer que realmente amaba. Los rayos iluminaban la mansión a intervalos irregulares, creando un ambiente dramático que parecía diseñado especialmente para este momento trascendental.
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