MILIONARIO RECUPERA EL OÍDO EN SECRETO… Y LO QUE ESCUCHA LO CAMBIA TODO…

La alta sociedad de Tijuana, que antes los recibía como la pareja dorada, ahora los trataba con una cortesía forzada que Gael podía sentir sin necesidad de escuchar las palabras. Su reputación de hombre poderoso e intocable se estaba desmoronando lentamente. En la intimidad de su mansión, la dinámica había cambiado drásticamente y Gael se encontraba navegando un territorio completamente nuevo. Marcela, que antes era la novia glamorosa que adornaba su brazo en las fiestas, ahora tenía que asumir responsabilidades que claramente la incomodaban.

tenía que manejar llamadas importantes, traducir conversaciones y estar constantemente disponible para ayudarlo a comunicarse. Su paciencia se agotaba rápidamente, especialmente cuando Gael necesitaba aclaraciones sobre temas complejos de negocios. En contraste, Libia había desarrollado un sistema de comunicación natural y fluido con él, anticipándose a sus necesidades sin hacerlo sentir como una carga. preparaba las comidas exactamente como a él le gustaban, organizaba su oficina en casa para que pudiera trabajar cómodamente y siempre tenía a mano papel y pluma para cualquier comunicación urgente.

Mientras Marcela suspiraba con frustración, cada vez que tenía que repetir algo, Libia nunca mostraba impaciencia, incluso cuando él necesitaba explicaciones múltiples sobre asuntos domésticos. La diferencia en sus actitudes era tan marcada que Gael comenzó a notar detalles que antes le pasaban desapercibidos. Las rutinas diarias se habían vuelto complicadas de maneras que Gael nunca había considerado. Las mañanas comenzaban con Libia despertándolo suavemente tocando su hombro, ya que no podía escuchar el despertador y preparándole un desayuno que comía en completo silencio mientras revisaba los periódicos financieros.

Marcela generalmente dormía hasta tarde, alegando que las noches anteriores habían sido muy estresantes atendiendo las necesidades especiales de su prometido. Durante las comidas familiares, la conversación era prácticamente inexistente con Marcela escribiendo comentarios básicos sobre el clima o planes sociales, mientras que Libia se comunicaba a través de gestos expresivos y notas cariñosas que incluían detalles sobre su día. o pequeñas observaciones que lo hacían sonreír. En las tardes, cuando Gael intentaba trabajar desde casa, Marcela a menudo salía de compras o a reunirse con sus amigas, dejándolo solo con Libia, quien silenciosamente organizaba su espacio de trabajo y le traía café sin que él tuviera que pedirlo.

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