Sin embargo, había algo en los ojos del médico que le daba esperanza, una confianza profesional que no había visto en meses. Marcela, que lo acompañaba a la cita, mostró una emoción controlada, preguntando inmediatamente sobre los costos y la duración del tratamiento. Libia, que había venido como apoyo adicional, simplemente sonrió con lágrimas en los ojos, tomando las manos de Gael en un gesto de genuina felicidad. El camino de regreso a casa fue silencioso, pero lleno de una esperanza renovada que hacía meses no sentía.
El tratamiento comenzó inmediatamente con sesiones tres veces por semana en una clínica especializada de Tijuana. Gael recibía inyecciones de corticosteroides directamente en el tímpano. Un procedimiento doloroso, pero que comenzó a mostrar resultados después de la tercera semana. Primero fueron zumbidos extraños, como si alguien sintonizara una radio antigua. Después, sonidos distorsionados que gradualmente se volvían más claros. Marcela lo acompañaba a algunas sesiones, pero se quejaba constantemente del tiempo que tomaban y de lo incómodo que era el ambiente médico.
En contraste, Libia nunca perdía una cita, sentándose pacientemente en la sala de espera durante las dos horas que duraba cada procedimiento. El doctor Ramírez monitoreaba cada progreso con pruebas auditivas que mostraban una mejoría lenta pero constante. Durante la quinta semana, Gael escuchó por primera vez en meses el sonido de su propia voz, una experiencia tan emocionante que lloró sin poder controlarse. Las palabras del médico comenzaron a llegar a sus oídos como susurros lejanos, pero eran sonidos reales, no el silencio absoluto al que se había acostumbrado.
Marcela celebró la noticia con una sonrisa que parecía más aliviada que verdaderamente feliz. Sin embargo, Libia se persignó y murmuró una oración de agradecimiento que Gael pudo escuchar débilmente, llenándolo de una emoción indescriptible. Al finalizar la octava semana de tratamiento, Gael había recuperado aproximadamente el 70% de su audición suficiente para mantener conversaciones normales y escuchar sonidos cotidianos con claridad. El Dr. Ramírez le explicó que era el mejor resultado que había visto en casos similares, pero le advirtió que debía continuar con medicamentos y terapias de mantenimiento.
La noticia debería haber sido motivo de celebración inmediata, pero algo en el interior de Gael lo hizo parar y reflexionar profundamente. Durante los meses de silencio había observado comportamientos, gestos y actitudes que nunca había notado antes, especialmente las diferencias abismales entre Marcela y Libia. Ahora que podía escuchar de nuevo, tenía la oportunidad única de descubrir lo que las personas realmente pensaban de él cuando creían que no podía oírlas. Una idea comenzó a formarse en su mente. ¿Qué pasaría si fingiera que seguía sordo para conocer la verdad sobre quiénes lo rodeaban?
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