La curiosidad y una intuición creciente sobre las verdaderas intenciones de Marcela lo llevaron a tomar una decisión que cambiaría su vida para siempre. Esa noche, después de mucho reflexionar, decidió mantener en secreto su recuperación auditiva. La decisión de ocultar su mejoría resultó más fácil de lo que había imaginado, ya que todos a su alrededor estaban acostumbrados a comunicarse con él a través de gestos y escritura. Gael continuó respondiendo de la misma manera, fingiendo no escuchar sonidos que ahora llegaban claramente a sus oídos.
Durante las comidas familiares mantenía la misma expresión concentrada mientras leía los labios. Aunque ahora podía escuchar perfectamente cada palabra que se decía a su alrededor. Marcela no notó ningún cambio en su comportamiento, continuando con su rutina habitual de escribir mensajes básicos y hablar por teléfono en su presencia como si él no pudiera escucharla. Libia tampoco sospechaba nada, siguiendo con su paciencia infinita para comunicarse a través de notas y gestos cariñosos. El Dr. Ramírez había aceptado mantener el secreto médico cuando Gael le explicó que necesitaba tiempo para procesar su nueva realidad antes de compartirla con su familia.
Las primeras semanas de este engaño fueron emocionalmente agotadoras, pero Gael sabía que estaba a punto de descubrir verdades que cambiarían su perspectiva, sobre todo, los sonidos del mundo habían regresado a su vida, pero ahora los usaría como una herramienta para descubrir quién realmente lo amaba. Durante las siguientes dos semanas, Gael desarrolló una rutina perfecta para mantener su fachada desordera mientras observaba y escuchaba todo lo que sucedía a su alrededor. En las mañanas, cuando Marcela creía que él estaba durmiendo, escuchaba sus conversaciones telefónicas desde la cama, fingiendo estar inconsciente mientras ella hablaba libremente.
Durante el día se sentaba en su estudio aparentando leer documentos de trabajo, pero en realidad estaba atento a cada conversación que ocurría en la casa. Libia continuaba con sus labores domésticas, ocasionalmente tarareando suaves melodías mexicanas que ahora Gael podía disfrutar plenamente, sintiendo una paz que no había experimentado en mucho tiempo. Las conversaciones entre Marcela y sus amigas cuando venían de visita se volvieron especialmente reveladoras, ya que hablaban con total libertad, asumiendo que él no podía escuchar nada.
Sus discusiones sobre fiestas, compras y chismes sociales incluían referencias casuales sobre la situación de Gael que comenzaron a inquietarlo. El empresario se dio cuenta de que había estado viviendo en una burbuja de silencio que le había ocultado muchas realidades dolorosas sobre su entorno social. Sin embargo, también comenzó a escuchar pequeños detalles sobre Libia que lo llenaban de una calidez inesperada. sus oraciones matutinas, agradeciendo por poder ayudar a una buena persona, sus conversaciones telefónicas con su madre, donde hablaba con cariño sobre su trabajo.
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