Libia ya estaba en la cocina preparando el desayuno, tarareando suavemente una canción que ahora él podía escuchar con perfecta claridad, una melodía que le traía una paz inexplicable después de la tormenta emocional de la noche anterior. Cuando ella lo vio entrar, le sonrió con la misma calidez genuina de siempre y le escribió en su libreta, “Buenos días, señor Gael. ” ¿Cómo durmió? Él respondió con gestos, como había hecho durante meses, pero por primera vez prestó atención completa a cada detalle de su comportamiento.
Libia tenía una manera especial de moverse por la cocina con una gracia natural que no tenía nada que ver con elegancia artificial, sino con una belleza auténtica que brotaba desde adentro. Mientras preparaba los huevos rancheros exactamente como a él le gustaban, Gael notó cómo se aseguraba de que todo estuviera perfecto, no por obligación, sino por un cuidado genuino que contrastaba dolorosamente con la actuación fría de Marcela. Dale like si te está gustando esta historia para apoyar nuestro canal.
Marcela bajó a desayunar una hora más tarde, luciendo impecable, pero con esa sonrisa forzada que Gael ahora reconocía como completamente falsa. “Buenos días, mi amor”, le dijo mientras le daba un beso en la mejilla que se sintió como hielo en su piel. Escribió en la libreta. “¿Cómo te sientes hoy? Tienes cara de haber dormido mal.” Pero sus ojos no mostraban ninguna preocupación real, solo el cumplimiento mecánico de un papel. que había estado interpretando durante meses. Durante el desayuno, Marcela mencionó casualmente que había quedado de verse con unas clientas esa tarde para revisar catálogos de vestidos de novia.
Una mentira que Gael supo reconocer inmediatamente después de haber escuchado sus planes reales la noche anterior. Libia servía el café con movimientos silenciosos, pero Gael notó como sus ojos se desviaban incómodamente cada vez que Marcela hablaba sobre la boda. Había algo en la expresión de la empleada que sugería que ella también había notado inconsistencias en el comportamiento de la prometida, aunque por respeto y discreción nunca había comentado nada. La tensión en la mesa era palpable, aunque solo Gael podía percibirla completamente, atrapado entre la actuación de Marcela y la autenticidad silenciosa de Libia.
Cuando Marcela se excusó para ir a arreglarse dejándolo solo con Libia, el ambiente cambió inmediatamente, volviéndose más cálido y natural. La tarde trajo el momento que cambiaría para siempre la perspectiva de Gael sobre el amor verdadero. Marcela había salido supuestamente a su cita de trabajo, pero él sabía que en realidad se estaba encontrando con Roberto Mendoza. Alrededor de las 4 de la tarde regresó a casa acompañada de su amiga Valeria y otra mujer que Gael no conocía, las tres riéndose y hablando en voz alta mientras entraban a la sala principal.
Él estaba en su estudio fingiendo leer documentos de trabajo, pero podía escuchar perfectamente cada palabra que decían. La verdad es que ya me cansé de esta situación, decía Marcela mientras servía copas de vino para sus amigas. No puedo seguir cargando con esta responsabilidad que no me corresponde. Valeria respondió con una risa cruel. Ay, Marcela, pero piensa en todo el dinero que vas a heredar cuando se case contigo. Vale la pena aguantar unos años más. La tercera mujer, aparentemente nueva en el grupo, preguntó, “¿Pero en serio no escucha nada?
¿Podemos hablar libremente? Marcela respondió con desprecio. Nada, está completamente sordo. Es como tener un mueble caro en la casa. Las carcajadas que siguieron fueron como puñaladas para Gael, pero lo que vino después fue aún peor. La conversación escaló a niveles de crueldad que Gael jamás había imaginado posibles en la mujer que decía amarlo. Lo peor es que ahora tengo que fingir que me importa escribirle notitas románticas, acompañarlo a sus terapias aburridas. se quejaba Marcela mientras caminaba por la sala con su copa de vino.
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