MILLONARIO FINGIÓ UN ACCIDENTE PARA PROBAR A SU NOVIA Y SUS GEMELOS. HASTA QUE LA EMPLEADA DOMÉSTICA

¿Por qué no me delataste? Valeria te habría pagado una fortuna por esa información. Podrías haberte ido de aquí, haber ayudado a tu madre. Elena negó con la cabeza. Una sonrisa triste pero digna apareció en sus labios. El dinero de la traición es dinero maldito, señor. Se acaba rápido y deja el alma sucia.

Además, Elena miró hacia el banco donde los gemelos, Mateo y Lucas, comían sus chocolates ajenos al drama de los adultos. Es por ellos, por los niños.Elena metió la mano dentro de su ropa, sacando un sobre de plástico hermético que había mantenido pegado a su piel para protegerlo de la lluvia. Hace un mes antes de su accidente, la señora Valeria estaba hablando por teléfono.

Estaba borracha. Dejó caer esto. Elena le entregó el sobre. Son los resultados de una prueba de ADN que ella se hizo a escondidas. Alejandro tomó el sobre con manos que ya no fingían debilidad. Lo abrió bajo la luz tenue de la farola de la calle. Era un documento oficial de un laboratorio genético.

Resultado de paternidad. Excluido. Madre. Valeria Montemayor. Padre desconocido. Alejandro frunció el seño. Confundido. No entiendo, Elena. Mateo y Lucas son mis hijos biológicos. Mi primera esposa murió en el parto, pero yo sé que son míos. Siga leyendo, Señor”, dijo Elena suavemente. Alejandro pasó la página.

Había otro documento, una prueba de maternidad, resultado de maternidad, excluido. Alejandro levantó la vista atónito. “¿Qué significa esto? Esos papeles no son de Mateo y Lucas, señor”, explicó Elena. Esos papeles son de un embarazo que la señora Valeria tuvo hace dos años, justo cuando nacieron los gemelos.

Ella le dijo a usted que perdió al bebé, ¿recuerda, pero no lo perdió. El bebé nació, pero como no era de usted, sino de su amante Roberto, ella lo dio en adopción ilegalmente para que usted nunca se enterara de su infidelidad. Alejandro sintió náuseas. Valeria no solo era ambiciosa, era un monstruo. Había abandonado a su propio hijo para mantener su estatus de esposa de millonario.

Guardé esto porque sabía que algún día ella intentaría hacerle daño a usted o a los gemelos. Dijo Elena. Ella odia a Mateo y a Lucas porque le recuerdan que ella es madre, pero una madre que regaló a su hijo. Ellos son la prueba viviente de su fracaso moral. Señor, ella no lo quiere. Nunca lo quiso. Alejandro guardó los papeles en el bolsillo interior de su chaqueta seca debajo del suéter mojado de Elena.

miró a la mujer frente a él, una mujer que no tenía nada, pero que acababa de darle el arma más poderosa del mundo, la verdad absoluta. Alejandro se inclinó hacia adelante. Por primera vez en meses, sus ojos brillaron con el fuego del tiburón monteayor, el hombre que dominaba los negocios.

Pero esta vez el fuego estaba templado por una ternura infinita. Elena dijo él levantando una mano para tocar la mejilla golpeada de ella. Levántate. Ella obedeció confundida. Alejandro se quitó la manta de las piernas, puso los pies en el suelo, se agarró de los bordes de la silla de ruedas y con un movimiento fluido y poderoso se puso de pie.

Su altura de un 90 met pareció llenar la pequeña parada de autobús. Elena jadeó llevándose las manos a la boca, aunque ya sabía que él podía hacerlo. Verlo erguido, fuerte, imponente era diferente. “Se acabó el juego”, dijo Alejandro. “Ya tengo lo que necesitaba. Sé quién es mi enemiga y lo más importante, sé quién es mi compañera.” Alejandro se quitó la chaqueta de traje que estaba seca por dentro y se la puso a Elena sobre los hombros cubriéndola.

“Señor, ¿qué va a hacer?”, preguntó ella temblando. “Vamos a volver”, dijo él mirando hacia la colina donde la mansión se alzaba como un castillo oscuro. “Y voy a limpiar mi casa.” Pero antes de que pudieran dar un paso, unas luces de faros cortaron la oscuridad. Un autode deportivo negro bajó a toda velocidad por la colina y frenó chirriando frente a la parada de autobús.

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