MILLONARIO FINGIÓ UN ACCIDENTE PARA PROBAR A SU NOVIA Y SUS GEMELOS. HASTA QUE LA EMPLEADA DOMÉSTICA

Tenía que aguantar. Tenía que ver hasta dónde llegaba la podredumbre moral de esa mujer. Cerró los puños debajo de la manta, ocultando la fuerza que todavía tenía. “Valeria, son mis hijos”, dijo Alejandro fingiendo una voz débil y rasposa. “Déjalos estar. Elena solo los cuida. Tú cállate”, interrumpió ella agarrando un jarrón de porcelana china de la mesa de noche y estrellándolo contra la pared a centímetros de la cabeza de Elena.

Los gemelos estallaron en llanto. Estoy harta, harta de esta casa, harta de esos niños que ni siquiera son míos y harta de ti. Si no firmas los papeles para mañana a primera hora, te juro que te meto en el asilo más barato y miserable que encuentre. Y a esta señaló a Elena con desprecio absoluto, a esta muerta de hambre la ha hecho a la calle junto con tus hijos.

Elena, temblando, no por ella, sino por los pequeños, se armó de un valor que no sabía que tenía. levantó la vista y con voz quebrada, pero firme dijo, “Señora, por favor, el señor Alejandro necesita descanso. Si quiere gritarme, hágalo afuera, pero respete su dolor. El silencio que siguió fue sepulcral.” Valeria abrió la boca incrédula.

La sirvienta la estaba desafiando. Suscríbete ahora para descubrir por qué este momento de valentía le costaría a Elena mucho más que su trabajo. Y cómo la respuesta de Alejandro dejó a todos helados. Valeria soltó una carcajada fría, carente de cualquier alegría humana. Respeto. ¿Tú me hablas de respeto? Valeria se acercó a Elena hasta invadir su espacio personal, escupiéndole las palabras en la cara.

Eres una simple empleada, una criada. Estás aquí para limpiar la no para dar opiniones. Y tú, Alejandro, mira quién te defiende. Tu gran imperio reducido a esto. Una sirvienta y dos niños llorones. Qué patético. Valeria se dirigió a la puerta, pero antes de salir se detuvo y miró a Alejandro con una frialdad que helaba la sangre.

Mañana viene el notario a las 900 am. Si no firmas, despídete de tu tratamiento médico. Voy a cancelar todos los pagos. A ver cuánto duras sin tus medicinas de lujo. Dio un portazo tan fuerte que los cristales de las ventanas vibraron. Elena soltó el aire que había estado conteniendo. Sus piernas flaquearon, pero se mantuvo firme por los niños.

Se acercó lentamente a la cama con los ojosllenos de lágrimas contenidas. “Perdóneme, señor Alejandro. No quería causar problemas”, dijo ella limpiando rápidamente las lágrimas de las mejillas de Mateo. “Solo no me gusta como le habla. Usted no se merece esto. Alejandro miró a la joven. A diferencia de Valeria, que solo veía signos de dólar y estatus, Elena veía al ser humano.

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