MILLONARIO FINGIÓ UN ACCIDENTE PARA PROBAR A SU NOVIA Y SUS GEMELOS. HASTA QUE LA EMPLEADA DOMÉSTICA

Valeria giró furiosa. “Otra vez estos mocosos, Elena!” Elena entró corriendo pálida. “Lo siento, señora. Se soltaron. Son muy rápidos. Elena vio las sábanas mojadas y a Alejandro tiritando levemente. Su mirada cambió de miedo a indignación en un segundo. Sin decir una palabra a Valeria, corrió al baño, trajo una toalla seca y comenzó a secar el pecho de Alejandro, ignorando la presencia de la esposa.

“No toques a mi marido”, gritó Valeria. Alguien tiene que hacerlo porque usted solo lo está torturando, respondió Elena sin detenerse. Levantó a los gemelos y los puso sobre la cama al lado seco para que abrazaran a su padre. Los niños se acurrucaron contra Alejandro, dándole el calor que Valeria le negaba.

Valeria, roja de ira, agarró a Elena del brazo y la jaló con fuerza, casi tirándola al suelo. Estás despedida. Lárgate de mi casa ahora mismo, tú y estos niños del demonio. Alejandro sintió que era el momento. Su mano derecha oculta bajo la sábana mojada se cerró en un puño de hierro. Estaba listo para terminar la farsa. Iba a levantarse y echar a esa mujer de su vida para siempre.

Pero entonces recordó algo que su abogado le había dicho. Necesitamos que ella firme la renuncia voluntaria a las capitulaciones matrimoniales, creyendo que tú estás incapacitado o te quitará la mitad por divorcio. Tenía que aguantar un poco más, solo un poco más. Valeria, no la eches”, suplicó Alejandro tragándose su orgullo.

¿Quién me va a cuidar? Tú no quieres hacerlo, déjala al menos hasta que firme los papeles mañana. Si la echas hoy, no firmo nada. Valeria se detuvo. Su codicia era más fuerte que su ira. Lo pensó un momento calculando. Bien, dijo ella, soltando a Elena con un empujón. Se queda hasta mañana a las 9 a. En cuanto firmes, ella se va y los niños se van a un internado militar o a la calle, no me importa.

Valeria se arregló el vestido, miró con asco la escena familiar de Alejandro abrazado a sus hijos y a la sirvienta, y salió de la habitación. Tienes una noche, Alejandro, disfrútala. Cuando la puerta se cerró, el silencio volvió. Elena estaba temblando, pero no lloraba. Señor, voy a buscar sábanas secas. susurró ella. Alejandro le agarró la muñeca suavemente. Elena, espera.

Ella lo miró, sus grandes ojos marrones llenos de preocupación. Si mañana me echan, quiero que sepas que tengo un dinero ahorrado dijo Elena rápidamente. No es mucho, pero alcanza para rentar un cuartito. Usted y los niños pueden venir conmigo. Yo los cuido. No dejaré que lo manden a ese asilo ni a la sierra. Alejandro sintió una lágrima real rodar por su mejilla.

Hacía años que no lloraba. La sinceridad de esa mujer, ofreciéndole su pobreza para salvarlo de su riqueza vacía, lo rompió por dentro. “Gracias, Elena”, dijo él con una voz que ya no sonaba tan débil. “Pero no será necesario mañana. Mañana todo va a cambiar. Solo necesito que confíes en mí. Pase lo que pase cuando llegue el notario, no intervengashasta que yo te diga.

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