MILLONARIO PIERDE TODO! SÓLO LA EMPLEADA TUVO EL VALOR DE ALIMENTAR A SU BEBÉ

Desapareció hace un año exactamente, sin nota, sin explicación. Solo se llevó sus joyas y pasaporte. Las autoridades investigaron, pero no encontraron nada. Es como si se hubiera desvanecido. La amaba. Rodrigo reflexionó honestamente. Creía que sí, pero ahora me doy cuenta de que amaba la idea de ella, la esposa perfecta para el empresario exitoso, hermosa, elegante, de buena familia, pero nunca la conocí realmente nunca nos conocimos el uno al otro.

Y ahora aún la extraña. Extraño lo que pudo haber sido. Extraño que Sebastián tenga una madre. Pero si soy honesto, no extraño a la mujer que era. Ella me abandonó cuando más la necesitaba. Tú, en cambio, tú te quedaste cuando no tenías ninguna razón para hacerlo. Valeria sintió su corazón acelerarse. Lo hice por Sebastián.

Solo por Sebastián. El silencio se extendió entre ellos. Cargado de emociones no dichas, Valeria se levantó bruscamente. Es tarde, deberíamos dormir. Mañana tiene esa reunión importante temprano. Rodrigo asintió sintiendo que había cruzado una línea invisible.

Pero mientras regresaban a sus habitaciones separadas, ambos sabían que algo había cambiado entre ellos. Los meses continuaron pasando. Marzo, abril, mayo. El trabajo de Rodrigo prosperaba de manera extraordinaria. Los hoteles bajo su supervisión mostraban las tasas de ocupación más altas en la historia de la compañía Mendoza. Los empleados lo respetaban, los huéspedes dejaban reseñas brillantes, los números financieros superaban todas las proyecciones.

Heriberto Mendoza lo llamó a su oficina central en Playa del Carmen un día de junio. Santillán, siéntate. Tenemos que hablar sobre tu futuro. Rodrigo se tensó. había cometido algún error. Mendoza terminaría el contrato anticipadamente. Relájate, no es nada malo, todo lo contrario. Quiero ofrecerte algo.

Tu contrato original era por 5 años a 100,000 pesos mensuales. Han pasado 9 meses y has demostrado ser el mejor director que he tenido jamás. Quiero renegociar. Renegociar. Te ofrezco un nuevo contrato. 3 años en lugar de los 4 años y 3 meses que te quedan. Salario de 200,000 pesos mensuales. 10% de participación en las ganancias anuales. Automóvil de la empresa.

Y al final de los 3 años, si los resultados continúan así, te daré el 5% de acciones de la división hotelera. Rodrigo quedó atónito. ¿Por qué haría eso? Porque eres bueno, Santillan. Muy bueno. Y porque soy un hombre de negocios, no un idiota. Pagarte más ahora significa ganar millones después. ¿Aceptas? Acepto. Excelente. Firmaremos la próxima semana. Ah, y otra cosa, contrata a quien necesites. Tienes autorización para formar tu propio equipo de confianza.

Presupuesto ilimitado siempre que justifiques cada contratación. Cuando Rodrigo salió de esa reunión, lo primero que hizo fue llamar a Valeria. “¿Puedes venir al café donde nos conocimos? Tengo noticias importantes.” 30 minutos después, sentados en la misma cafetería donde Valeria lo había esperado hace 9 meses, Rodrigo le contó todo. “Es increíble”, susurró Valeria.

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