ha logrado más en estos meses de lo que muchos logran en décadas. Y quiero que formes parte oficial de mi equipo, no como niñera, sino como asistente ejecutiva. Te entrenaré personalmente. 60,000 pesos mensuales para empezar con aumentos según tu desempeño. Valeria negó con la cabeza. No puedo aceptar eso. No tengo estudios.
No tengo preparación. Tienes algo mejor. Tienes sentido común, empatía y la habilidad de ver lo que otros no ven. Te he observado con los empleados de los hoteles, cómo hablas con ellos, cómo escuchas sus problemas. Tienes un don natural para las personas. Eso no se enseña en ninguna universidad.
Pero Sebastián, contrataremos una niñera, una buena niñera que tú elijas y supervises. Sebastián estará bien cuidado y tú podrás desarrollar tu potencial. Valeria sintió lágrimas rodar por sus mejillas. ¿Por qué hace esto por mí? Rodrigo tomó sus manos sobre la mesa, un gesto que ya no se sentía inapropiado, sino natural.
Porque cuando perdí todo, tú me diste mucho más que ayuda material, me diste esperanza, me enseñaste a ser mejor persona. ¿Y por qué? Porque me importas, Valeria, me importas mucho. Ella apretó sus manos sin poder hablar por la emoción. No tienes que responder ahora. piénsalo, pero quiero que sepas que esta oferta no tiene condiciones ocultas, es genuina. Acepto, dijo Valeria finalmente, pero con una condición.
¿Cuál? Que me permita seguir cuidando a Sebastián por las noches. Ese niño es como mi hijo. No podría dejarlo completamente al cuidado de otra persona. Rodrigo sonrió. Trato hecho. Esa noche celebraron con una cena modesta en el departamento. Habían recorrido un camino largo desde aquellos primeros días de desesperación.
El millonario arrogante había muerto dando paso a un hombre humilde que valoraba a las personas sobre el dinero. La empleada invisible se había convertido en una mujer segura, reconociendo su propio valor. Y el bebé, que alguna vez lloró de hambre, ahora reía rodeado de amor. Mientras Sebastián jugaba con sus bloques de madera en el suelo, Rodrigo observó a Valeria preparar café en la pequeña cocina.
La luz de la tarde la envolvía como un alo dorado, resaltando la belleza natural que él nunca había notado cuando era rico y arrogante. ¿En qué piensas? Preguntó ella al notar su mirada. En lo afortunado que soy. Hace un año lo perdió todo. Y encontré lo más importante.
Encontré propósito, encontré humildad, encontré gratitud y te encontré a ti. Valeria sintió su corazón latir con fuerza. Rodrigo, no tienes que decir nada. Solo quería que lo supieras. Pero Valeria cruzó la distancia entre ellos y por primera vez fue ella quien tomó la iniciativa. Lo abrazó no con la timidez de una empleada, sino con la seguridad de una mujer que conocía su propio corazón.
Yo también te encontré a ti”, susurró contra su pecho, “al hombre real que estaba escondido detrás del millonario. Y ese hombre vale mucho más que todo el dinero que perdió.” Rodrigo la envolvió en sus brazos, sintiendo que algo dentro de él sanaba definitivamente.
Las cicatrices de la traición de Germán, del abandono de Isabela, de la pérdida de su imperio, todas comenzaban a cerrarse. Sebastián interrumpió el momento jalando el pantalón de Rodrigo. “Papá, vale.” Ambos rieron, separándose para atender al niño. La vida continuaba simple, pero rica en las cosas que realmente importaban.
Esa noche, después de acostar a Sebastián, Rodrigo escribió en su diario un hábito que había desarrollado en estos meses de introspección. Hoy Mendoza me ofreció un contrato que hace un año hubiera considerado miserable. Hoy lo recibí como una bendición. Hoy le ofrecí a Valeria un puesto que para mis antiguos estándares es pequeño, pero para ella representa un mundo de oportunidades.
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