Nada, absolutamente nada. Valeria había dormido en el sofá, negándose a marcharse pese a las insistencias de Rodrigo. Ahora estaba preparando café en la pequeña cocina de la oficina mientras Sebastián balbuceaba contento en su regazo. La escena era tan doméstica, tan normal, que por un momento Rodrigo pudo olvidar que su vida se desmoronaba.
Buenos días, don Rodrigo. Saludó Valeria ofreciéndole una taza humeante. Encontré café en la despensa. Espero que no le moleste. Valeria, por favor, solo llámame Rodrigo. Creo que las formalidades ya no tienen sentido. La joven sonrió tímidamente. Es difícil. Usted siempre ha sido don Rodrigo para todos nosotros. Todos nosotros ya no existe.
Se fueron apenas olieron que el dinero se acababa. respondió con amargura, tomando un sorbo del café. Era fuerte y amargo, sin los refinamientos a los que estaba acostumbrado, pero en ese momento supo mejor que cualquier bebida costosa que hubiera probado. El teléfono celular de Rodrigo comenzó a vibrar insistentemente. Número desconocido.
Dudó antes de contestar, pero algo en su interior le dijo que debía hacerlo. Señor Santillán, habla el licenciado Ernesto Cárdenas Valverde, representante del grupo empresarial Mendoza. Don Heriberto Mendoza desea reunirse con usted esta mañana, digamos, a las 9 en el hotel Paradisus. Rodrigo sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Eriberto Mendoza era un tiburón de los negocios, conocido por comprar empresas en crisis y despedazar sus activos. Si Mendoza quería reunirse con él, no era para ofrecer ayuda. ¿Para qué quiere verme don Heriberto? Eso se discutirá en persona.
Señor Santillán, ¿puedo confirmar su asistencia? Rodrigo miró a Valeria, quien lo observaba con preocupación. Confirme. Ahí estaré. ¿Quién era? Preguntó Valeria cuando colgó. Eriberto Mendoza, el buitre más grande del negocio hotelero en Quintana. Ro, quiere reunirse conmigo. Eso es bueno o malo. Con Mendoza nunca se sabe. Pero no tengo muchas opciones, ¿verdad? Rodrigo se pasó las manos por el rostro.
sintiendo la barba de tres días que había crecido. Me veo horrible. ¿Cómo voy a presentarme ante Mendoza así? Valeria se levantó, acostó a Sebastián en la cuna y se dirigió a la puerta. Espéreme aquí. Regreso en 30 minutos. ¿A dónde vas? a conseguir que luzca como el empresario que es, aunque no tenga un peso en el bolsillo.
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