"Solo unas horas más y firmo los papeles de la sociedad. Su panadería es mi puerta de vuelta al negocio. Casarme con esa tía mayor es el precio".
Siguieron las risas.
Luego, otra voz: "Pero tendrás que vivir con ella".
Zach respondió: "Un poco de alcohol lo arregla todo. Se cree cada 'te quiero' que le digo. ¿Y su madre? Esa mujer cansada cree haber construido algo impresionante. No tienen ni idea de que en seis meses, todo estará a mi nombre".
Las risas se hicieron más fuertes.
Se me encogió el estómago. Me temblaron las rodillas. Y cuando volvió a insultar a mi hija, retrocedí, tapándome la boca con la mano para no emitir ningún sonido.
Regresé a su suite nupcial con las manos vacías, con el corazón latiéndome como si hubiera corrido kilómetros.
La decisión de una madre
Cuando Hannah me preguntó dónde estaba el ramo, mentí. Necesitaba tiempo. Salí, apoyé la frente en la puerta y lloré en silencio.
Tenía dos opciones:
Proteger su sueño.
O proteger su futuro.
Elegí la segunda.
Llamé a Mark, mi contador de toda la vida. "Trae los documentos de contingencia. Ahora mismo".
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