En Nochebuena.
Julian, soltera y siempre viajando, me enseñó fotos de su último viaje, pero nunca me preguntó cómo estaba.
Comimos. Nos reímos a tiempo. Sonaba música navideña suave.
Y entonces, como siempre, sus miradas se posaron en los sobres junto a mi plato.
Estaban esperando.
Ahí empezó mi juego.
Repartí los sobres uno a uno, sonriendo como siempre.
“Feliz Navidad, cariño”.
Jake abrió el suyo primero.
Parpadeó. Luego frunció el ceño.
“Eh… Abuela, creo que algo anda mal”.
“No hay ningún error”, dije con dulzura. “Mis ahorros ya no son lo que eran.”
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