Donamos cada dólar.
Y luego siguió viniendo.
No por dinero. No por vacaciones.
Solo por mí.
A los 87 años, por fin entendí:
El amor no se compra ni se prueba.
Simplemente aparece.
Y cuando aparece, ya sabes.
Ojalá hubiera aprendido antes.
Pero agradezco haber aprendido.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
