Cuando un ser querido fallece, muchas personas sienten la necesidad instintiva de tocarlo, tomarle la mano o darle un último beso. Estos gestos son profundamente humanos y están arraigados en el amor, el dolor y la necesidad de cerrar un episodio. Sin embargo, existen muchos malentendidos sobre qué es médicamente seguro después de la muerte. Si bien los profesionales buscan equilibrar la compasión con las precauciones sanitarias, los mitos a menudo persisten, lo que a veces lleva a las familias a correr riesgos innecesarios.
A continuación, se presentan algunos de los mitos más comunes sobre besar o tocar a un difunto y lo que la ciencia realmente dice.
Mito 1: "No hay riesgo para la salud una vez que una persona muere".
Este es uno de los conceptos erróneos más extendidos. Si bien un cuerpo fallecido no está "vivo" como lo está una persona enferma, ciertas bacterias y virus pueden seguir presentes durante un tiempo después de la muerte. Dependiendo de la causa de la muerte, algunos patógenos pueden permanecer activos en la piel o en los fluidos corporales.
Los profesionales médicos evalúan cada situación individualmente. En muchos casos, el contacto breve y no invasivo puede considerarse de bajo riesgo, pero nunca está automáticamente exento de riesgos.
Mito 2: «Si la persona no murió de una infección, tocarla es completamente seguro».
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