
Incluso cuando la muerte no es causada por una enfermedad infecciosa, el cuerpo comienza a cambiar casi de inmediato. El sistema inmunitario deja de funcionar, lo que permite que las bacterias naturales se multipliquen con mayor rapidez. En cuestión de horas, estos cambios pueden aumentar el riesgo de contaminación, especialmente a través de la boca, la nariz, los ojos o cualquier herida abierta en la persona viva.
Por eso, el personal sanitario y funerario sigue estrictos protocolos de higiene, independientemente de la causa de la muerte.
Mito 3: “Un beso rápido en la frente es inofensivo”
Un beso breve puede parecer inocente y, en muchos casos, no provoca enfermedades, pero desde el punto de vista médico, no está exento de riesgos. La boca es una puerta de entrada directa para las bacterias. Incluso un contacto mínimo puede suponer un pequeño riesgo, especialmente para niños, ancianos o personas con sistemas inmunitarios debilitados.
Los médicos no dicen esto para desalentar los rituales de duelo, sino para fomentar alternativas más seguras siempre que sea posible.
Mito 4: “Las funerarias siempre preparan el cuerpo para que sea seguro tocarlo”
Los profesionales funerarios toman muchas medidas para preparar el cuerpo con respeto, especialmente si se trata de embalsamamiento. Sin embargo, no todos los cuerpos se embalsaman de inmediato, y algunas prácticas culturales o religiosas lo evitan por completo.
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