Mentete necesita actualizar toda su infraestructura de telecomunicaciones para la expansión que planeas. Yo puedo hacerlo no como favor, no como caridad, como el profesional que soy, por el salario que merezco, con el respeto que ambos nos hemos ganado. Alejandra consideró la propuesta. Roberto va a volverse loco. Roberto sigue siendo tu socio por ahora, pero Patricia me sugirió que considerara reestructurar la sociedad. ¿Y qué piensas hacer? Creo que es hora de que Mente Tech refleje realmente mis valores, no los de alguien que juzga a las personas por su trabajo actual en lugar de por su potencial real.
Diego extendió la mano. Socios. Alejandra la tomó. Socios. Pero ninguno de los dos soltó la mano inmediatamente. Diego, ¿hay algo más? ¿Qué? Cuando dije que esa noche me sentí completa, no era solo por sentirme profesionalmente aceptada. No era porque por primera vez en años me sentí acompañada, realmente acompañada. Diego apretó su mano un poco más fuerte. Yo también. El sol comenzaba a ponerse sobre la ciudad de México, tiñiendo los edificios de dorado y naranja. Por primera vez en meses, tanto Diego como Alejandra sintieron que el futuro no era algo que tenían que sobrevivir, sino algo que podían construir.
¿Qué le digo a Luna?, preguntó Alejandra. Creo que ella orquestó esta conversación. Diego Río. Le decimos la verdad que a veces las mejores decisiones vienen disfrazadas de errores. Y a Patricia le decimos que acepto su oferta de consultoría, pero que tengo un cliente principal que requiere atención prioritaria. Y a Roberto, a Roberto le decimos que el mundo cambió y que o se adapta o se queda atrás. Mientras bajaban del edificio, Diego se detuvo frente a los elevadores.
¿Sabes qué es lo más irónico de todo esto? ¿Qué? Que el trabajo que más me costó conseguir en mi vida fue el de conserge y resulta que fue el trabajo que me llevó a ti. Alejandra presionó el botón del elevador. Entonces, tal vez no fue el peor trabajo de tu vida después de todo. Definitivamente no. Las puertas del elevador se abrieron, pero esta vez subieron juntos como socios. como iguales, como dos personas que habían aprendido que el valor real no se mide en títulos o uniformes, sino en la capacidad de ver y valorar la dignidad en otros.
Y por primera vez en años, ninguno de los dos se sintió solo. Capítulo 6. Equilibrio. 18. Meses después de aquella conversación en la terraza, Diego revisaba los planos arquitectónicos de la nueva sede de Mentec mientras tomaba su segundo café del día. Su oficina, una palabra que aún lo sorprendía, tenía vista al paseo de la reforma y las paredes estaban decoradas con sus títulos académicos recién apostillados y enmarcados. El proceso de credenciales profesionales había tomado más tiempo del esperado.
Entre la traducción de documentos, los exámenes de equivalencia y la burocracia mexicana habían pasado 14 meses antes de que pudiera ejercer oficialmente como ingeniero. Durante ese tiempo había trabajado como consultor técnico para mentec, una categoría ambigua que le permitía contribuir sin violar regulaciones profesionales. Papá, ¿tienes 5 minutos? Luna apareció en la puerta de su oficina. A los 21 años, Luna había retomado sus estudios de medicina en la UNAM después de un proceso de revalidación igualmente complejo. Su condición autoinmune estaba estable gracias al seguro médico privado que Diego ahora podía pagar, pero algunos días requerían más descanso que otros.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
