Siempre tengo tiempo para ti. ¿Cómo te fue en el examen de inmunología? Bien, creo, pero no vine a hablar de eso. Se sentó en la silla frente al escritorio. Vine a preguntarte cuándo vas a pedirle matrimonio a Alejandra. Diego casi se atraganta con el café. Perdón, papá. Llevan 6 meses viviendo prácticamente juntos. Ella tiene ropa en nuestro apartamento. Tú tienes cepillo de dientes en el suyo. La semana pasada la escuché hablando por teléfono sobre nuestros planes para el año que viene.
Luna, no me digas que no lo han pensado. Vi cómo la mirabas ayer en la presentación con los inversionistas y vi cómo ella te miraba cuando explicaste los protocolos de seguridad. Diego suspiró. Su hija había desarrollado una capacidad inquietante para leer situaciones emocionales. Es complicado. ¿Por qué? Porque mezclar lo personal con lo profesional puede ser problemático. Somos socios comerciales ahora. Si las cosas no funcionan. Papá, ¿puedo recordarte algo? ¿Qué? Ustedes ya pasaron por la peor crisis posible.
El escándalo público, la pérdida de inversión, el conflicto con Roberto. Si eso no lo separó, ¿qué crees que puede separarlos? Antes de que Diego pudiera responder, Alejandra apareció en la puerta. Internrumpo algo importante para nada. Luna se levantó. Justo le estaba diciendo a papá que debería invitarte a cenar en algún lugar especial pronto. Le guiñó un ojo a su padre y salió de la oficina dejándolos solos. ¿De qué hablaban realmente? Alejandra cerró la puerta y se sentó donde había estado Luna.
De nada importante. Diego, te conozco. Cuando dices nada importante con esa cara, siempre es algo muy importante. Diego dejó los planos a un lado y la miró directamente. Somos felices. La pregunta la tomó por sorpresa. ¿A qué te refieres? Me refiero a esto, a nosotros, a cómo hemos construido esta relación que no sabemos cómo definir. Alejandra se recostó en la silla considerando la pregunta seriamente. Soy más feliz de lo que he sido en años. Tú, yo también, pero a veces me pregunto si estamos evitando conversaciones importantes porque tenemos miedo de complicar algo que funciona.
¿Qué tipo de conversaciones? Diego se levantó y caminó hacia la ventana. Conversaciones sobre el futuro, sobre qué queremos que sea esto en 5 años, sobre si queremos hacer algo oficial o si estamos cómodos en esta ambigüedad. Alejandra se unió a él en la ventana. ¿Qué quieres tú? Quiero construir algo contigo. No solo MTETech, no solo esta relación de trabajo que se volvió personal. Quiero construir una vida. Una vida como una vida donde no tengamos que explicar a los clientes si somos socios, comerciales o pareja.
Una vida donde Luna no tenga que hacer preguntas indirectas sobre cuándo vamos a formalizar las cosas. Una vida donde podamos planear vacaciones juntos sin preguntarnos si es apropiado profesionalmente. Alejandra sonrió. Eso suena aterrador. Aterrador como aterrador como todas las cosas que realmente valen la pena. Esa noche cenaron en el departamento de Alejandra en Polanco. Habían desarrollado una rutina. Diego cocinaba arepas venezolanas con receta adaptada para ingredientes mexicanos. Alejandra manejaba el vino y ambos compartían los eventos del día.
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