Patricia llamó hoy, dijo Alejandra mientras servía el vino. Quiere que presentemos la propuesta de expansión a Centroamérica en marzo. ¿Estás lista para eso? Estamos listos para eso. La infraestructura que diseñaste puede manejar la carga. Los protocolos de seguridad están probados y tenemos el equipo correcto. ¿Qué pasó con Roberto? Finalmente vendió su participación la semana pasada. Oficialmente ya no es mi socio. Diego dejó de cocinar. ¿Por qué no me dijiste? Porque quería asegurarme de que fuera definitivo antes de celebrarlo.
Y ahora es definitivo. Ahora es definitivo. Diego apagó la estufa y se volvió hacia ella. ¿Sabes qué significa eso? Que finalmente puedo tomar decisiones empresariales sin consultar a alguien que cuestiona mi juicio cada 5 minutos. Significa eso, pero también significa que ya no hay conflictos de interés entre nosotros. Ya no tienes un socio que desapruebe nuestra relación. Ya no hay razones profesionales para mantener esto en ambigüedad. Alejandra puso su copa de vino en la mesa. Diego, ¿qué me estás diciendo exactamente?
Te estoy diciendo que quiero que esto sea real, completamente real. ¿Y cómo se ve completamente real? Diego se acercó a ella tomando sus manos. Se ve como construir algo juntos que no sea solo trabajo. Se ve como planear un futuro que incluya decisiones compartidas, metas compartidas, problemas compartidos. Se ve como matrimonio. Si tú quieres que se vea como matrimonio, entonces sí. Alejandra estudió su rostro buscando dudas o incertidumbre. No encontró ninguna. ¿Estás seguro? Porque esto cambia todo.
Todo ya cambió, Alejandra. Hace meses solo estamos reconociendo lo que ya existe. Y Luna. Luna lleva semanas preguntándome cuándo voy a formalizar las cosas contigo. ¿Y qué le dices? Le digo que estoy esperando el momento correcto. ¿Y cuándo es el momento correcto? Diego sonrió. Creo que es ahora. se arrodilló frente a ella sin anillo, sin preparación elaborada, solo con la honestidad que había caracterizado su relación desde el principio. Alejandra Mendoza, ¿quieres casarte conmigo y construir algo que ninguno de los dos podría crear solo?
Alejandra sintió lágrimas en los ojos, pero eran de alegría pura. Sí, definitivamente sí. Se besaron en la cocina de Alejandra con el aroma de arepas llenando el apartamento y la ciudad de México extendiéndose más allá de las ventanas. No era perfecto, pero era real, era suyo. Y por primera vez en años, ambos sintieron que habían encontrado no solo el amor, sino el hogar. ¿Sabes qué es lo más increíble de todo esto? Murmuró Alejandra contra sus labios. ¿Qué?
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
