Ningún médico podía curar al hijo del millonario, hasta que la niñera revisó las almohadas…

Bruno tenía más energía de la que elara jamás había visto. Corrió por la habitación, hizo preguntas sobre todo. Le pedí que le leyera tres libros seguidos. Tía Elara, ¿puedo ir al jardín hoy, por favor? Vamos a ver si tu papá nos deja, ¿vale? Pero cuando Julián Alcoser llegó del trabajo esa tarde, no se encontró al niño pálido y somnoliento de siempre. Encontró a Bruno saltando en la cama, algo que el ara intentó detener sin éxito y riendo a carcajadas.

La reacción de Julián no fue de alegría, fue de pánico. ¿Qué le pasó? ¿Por qué está tan agitado? le preguntó Juliana Elara con los ojos muy abiertos por el miedo. Está bien, señor Alcoser, solo está más animado hoy. Se siente bien. No es normal, dijo Julián retrocediendo. Cuando Bruno se agita así es la señal de que va a tener una crisis. ¿Crisis de qué? De su enfermedad. El doctor Ibáñez siempre me lo advirtió. La agitación extrema precede a los episodios graves, a los colapsos.

Elara estaba atónita. El padre había sido tan condicionado que confundía la felicidad de su hijo con un síntoma. Señor, no está agitado, está feliz. Está actuando como un niño de 4 años normal. Es lo mismo. Voy a llamar al doctor. Julián sacó su teléfono y llamó al doctor Iváñez. Doctor, tiene que venir rápido. Bruno está muy agitado. Sí, como usted dijo, tengo miedo de que sea una crisis. El doctor Iváñez llegó en menos de 15 minutos como si hubiera estado esperando la llamada.

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