El ara se fijó en ellas. Había por lo menos ocho o nueve almoadones enormes rodeándolo, todos de un blanco impecable. ¿Por qué tantas almohadas? Preguntó con curiosidad profesional. El doctor Ramiro dice que las necesito, que tengo que estar siempre tumbado. Las almohadas me ayudan a respirar. El ara frunció el ceño. Un de 4 años no debería estar siempre tumbado, a menos que estuviera en un estado crítico y aunque niño pálido, su respiración en reposo parecía normal. Sientes dolor al respirar, a veces por la noche, sobre todo, y me canso.
Y para andar, no puedo andar mucho, me canso. El ara observó a Bruno con su mirada clínica. El niño estaba claramente debilitado, pero algo no encajaba. Tenía experiencia en la UCI pediátrica del Hospital Regional. Había visto fibrosis química, cardiopatías congénitas graves, leucemias. Bruno no presentaba los signos clínicos evidentes de ninguna patología específica que ella pudiera identificar al instante. Bruno, ¿cuándo fue la última vez que jugaste en el jardín? Los ojos del niño se iluminaron por un segundo antes de apagarse.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
