Ningún médico podía curar al hijo del millonario, hasta que la niñera revisó las almohadas…

Jardín, no puedo ir al jardín. Es peligroso. Peligroso. Como el doctor Ramiro dice que puedo bacterias y ponerme más enfermo. El ara estaba cada vez más intrigada. Aislar a un niño de esa manera no era un protocolo médico estándar, ni siquiera en casos inmunodeprimidos graves. Se requeriría un equilibrio. ¿Qué tal si leemos una historia? Tengo un libro en mi maleta sobre un dragón que no quería echar fuego. Los ojos de Bruno se abrieron con sorpresa. Podemos. No me hará daño.

Claro que podemos, Bruno. Leer historias cura el aburrimiento, que es una enfermedad terrible. Cuando empezó a leer, notó algo extraño. El niño parecía hipnotizado por su voz, como si no estuviera acostumbrado a la simple interacción humana. Media hora después, Julián Alcoser llegó a casa. Era un hombre de 38 años, alto, cabello oscuro, perfectamente peinado, vestido con un traje de tres piezas que costaba más que el coche de Elara, pero su rostro tenía una expresión de agotamiento y tristeza que ni el dinero ni el poder podían ocultar.

Julián dedicaba 18 horas al día a Alcoser Holdings para no pensar en la enfermedad de su hijo y en la culpa paralizante de no poder curarlo, de haber perdido a su esposa en el parto y estar ahora perdiendo a su hijo. ¿Cómo ha ido el primer día? Le preguntó a Ans mientras se aflojaba la corbata. La nueva cuidadora parece competente, señor. Está siguiendo todos los protocolos. Ahora mismo está en la habitación. Julián subió las escaleras, no de dos en dos, sino con un cansancio que reflejaba su ánimo.

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