“No me lastimes, estoy herida” suplicó la millonaria… y la reacción del padre soltero la dejó…

No. Entonces el consejo puede irse al lenguaje. Soy padre de una niña impresionable, rieron. Era fácil reír con él. Hablando de Sofía, me pidió que te diera esto. Sacó un sobre decorado con calcomanías. ¿Qué es la invitación para el festival del día del padre en su escuela? Insiste en que vengas, Diego. Sin soja. Le dije que estarías ocupada. Valentina abrió el sobre. Sofía había escrito para ti vale. Porfa, ven. Papá necesita a alguien que lo aplauda además de mí.

Es manipuladora. Aprendí de la mejor. Su madre era experta en conseguir lo que quería con una sonrisa. Cuéntame de ella. Era la primera vez que lo pedía. Diego cerró su computadora portátil. Carmen era maestra de primaria. La conocí cuando fui a dar una plástica sobre seguridad escolar. Me corrigió tres veces frente a todos sus alumnos. Me cae bien. Te hubiera caído mejor conociéndola. Era luz. Todo lo hacía brillar. Cuando se enfermó, intentó protegernos. Fingía que no le dolía.

¿Cuánto tiempo estuvo enferma? Dos años. Los últimos seis meses fueron Suó. Vendí todo, pedí prestado, hice turnos dobles. El día que murió estaba haciendo un turno extra para pagar el tratamiento que no funcionó. Valentina tomó su mano. Él no la retiró. No fue tu culpa. Lo sé, pero el saberlo no quita el dolor. Por eso estudias administración. Quiero darle a Sofía más opciones. No quiero que tenga que elegir entre estar con sus seres queridos y sobrevivir. Es un buen padre.

Hago lo que puedo. Apretó su mano antes de soltarla. Y tú, ¿por qué una mujer exitosa pasa sus noches con un guardia de seguridad? Porque el guardia de seguridad no quiere nada de mí. Eso no es verdad. El corazón de Valentina se aceleró. ¿Qué quieres? Quiero que dejes de castigarte por el fracaso de tu matrimonio. Quiero que veas lo que todos ven. Una mujer brillante que construyó un imperio. Quiero Se detuvo. ¿Qué? Nada que pueda pedir. El silencio se extiende cargado de palabras no dichas.

Iré al festival. No tienes que quiero ir. Por Sofía. Por Sofía, lo repitió, pero sus ojos decían otra cosa. El viernes del festival, Valentina llegó a la escuela pública en la Doctores. Su Mercedes desentonaba grotescamente entre los coches viejos y las motos. Viniste. Sofía corrió hacia ella, su uniforme escolar impecable a pesar de ser de segunda mano. No me lo perdería. Papá está allá. Está nervioso. Diego estaba con otros padres, su uniforme de seguridad reemplazado por la única camisa formal que tenía.

Se sentía incómodo. Oye, Valentina tocó su brazo. Viniste de verdad. Dije que vendría. Señora Morales, qué gusto verla. La maestra de Sofía se acercó. Oh, no soy es mi tía Sofía intervino, la hermana de mi mamá del cielo. La mentira inocente los tomó por sorpresa. Ah, qué bonito que Sofía tenga familia que la apoye. La maestra se alejó. Sofía, es que todos tienen mamás menos yo, pero ahora tengo una tía. Valentina parpadeó rápidamente. Diego Tosió también emocionado.

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