“No me lastimes, estoy herida” suplicó la millonaria… y la reacción del padre soltero la dejó…

El amor no cura cuando enferme como su madre. No te atrevas a hablar de Sofía. Sofía ya hasta nombre de pila, patético. Valentina lo abofeteó. El sonido resonó en la oficina. Tienes una semana. Rodrigo se tocó la mejilla. Una semana para terminar tu jueguito o convocar una junta extraordinaria para removerte por incompetencia emocional. No pueden eliminarme, tengo el 51%. Pero necesitas el apoyo del consejo para las decisiones importantes. Y yo ahora tengo su oído. Una semana Valentina salió dejándola temblando.

Esa noche no fue a ver a Diego. Ni la siguiente, ni la siguiente. El jueves él la esperaba afuera de su edificio corporativo. ¿Qué haces aquí? Sofía pregunta por ti. Yo pregunto por ti. Estoy bien. Mientes, Diego, por favor. No, aquí. Entonces, ¿dónde? Ya no en mis turnos. Ya no en los juegos de Sofía las cosas se complicaron. Por el beso, por todo. Valentina, mírame. Tomó su rostro entre sus manos. ¿Qué pasó? La realidad pasó. Tú tenías razón.

Mundos diferentes. No me hagas esto. No le hagas esto a Sofía. El golpe bajo funcionó. Valentina se quebró. Exactamente. Por Sofía debo alejarme. No soy buena para ella, para ustedes. Eso no es verdad, Diego. Mi vida es un desastre. Mi ex volvió. Mi trabajo peligra. No puedo arrastrarlos a esto. Tu ex acciones compradas. Quiere, da igual lo que quiere. Quiere regresar contigo. El silencio fue respuesta suficiente. ¿Y tú? Por supuesto que no, pero tiene poder sobre la empresa.

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