“No me lastimes, estoy herida” suplicó la millonaria… y la reacción del padre soltero la dejó…

¿Quieres negociar? Que hable Diego. Es su plan. Pero mi socio hablará con ellos. Tengo una cita médica importante. Está enferma. No, pero alguien importante sí. Y prometí hotcakes. Mientras Diego tomaba la llamada, Valentina empujó la silla de Sofía. Tía, sí. Ahora somos familia de verdad. Siempre fuimos familia. Solo tardamos en darnos cuenta. Y el señor malo se fue para siempre. Segura. Segurísima. Y ahora, ahora hotcakes, después medicina. Y luego casa. ¿Cuál casa? Valentina lo pensó. Su penhouse frío.

El departamento pequeño de Diego. Nuestra casa, donde sea, pero nuestra. Diego las alcanzó. Aceptaron. La huelga termina mañana. En serio, solo querían ser escuchados. Mi papá es un héroe. Sofía. anunció No, solo soy un papá. El mejor papá. Y tía Vale tía. Tía sola. Valentina fingio tristeza. Por ahora, pero Melisa dice que si se casan serían mi mamá. Diego y Valentina se miraron. Un paso a la vez, dijo Diego. Pero un paso juntos. Valentina añadió. Juntos. Sofía repitió.

Me gusta como suena. Salieron del edificio. Paparatzi esperaba. Señora Herrera, ¿es verdad sobre el guardia? Sí, todo es verdad. No le importa el escándalo. El único escándalo es que tardé tanto en ser feliz. Las fotos del día siguiente mostraban a una cío despeinada, un guardia convertido en consultor y una niña en silla de ruedas sonriendo. El titular El amor que salvó un imperio. Por primera vez los medios tenían razón. Seis meses después, la lluvia comenzó justo cuando el padre Miguel preguntó si alguien se oponía a la unión.

Es señal. Sofia gritó desde su lugar como niña de las flores, igual que cuando se conocieron. La iglesia de San Judas Tadeo estalló en risas. 200 invitados, la mitad ejecutivos en trajes de diseñador. La otra mitad vecinos de la doctores en sus mejores ropas domingueras. Parece que el cielo aprueba. El padre Miguel sonró. Continuamos. Valentina apretó las manos de Diego. Su vestido no era de diseñador, sino hecho por doña Carmen, la costurera del barrio, perfecto en su sencillez.

Valentina, Diego comenzó sus votos. Me enseñaste que el verdadero poder no está en mandar, sino en confiar. Prometo que nunca caminarás sola, ni literal ni figuradamente. Diego Valentina respondió la voz quebrándose. Me salvaste esa noche en más formas de las que sabes. La lluvia lavó mi vida anterior y me entregó a ti. Prometo que cada día elegiré nuestra familia, nuestro amor, nuestra vida real. Y yo, Sofía interrumpió. Yo prometo ser la mejor hija para mi nueva mamá.

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