“No me lastimes, estoy herida” suplicó la millonaria… y la reacción del padre soltero la dejó…

Esta vez las lágrimas fueron generales. Los declaran marido y mujer. El beso fue interrumpido por un trueno. La lluvia arreció. “¡Corran!”, gritó alguien. Pero Valentina y Diego salieron caminando lentamente, empapándose riendo. “Señora Morales de Herrera”. Diego la giró bajo la lluvia. “Señor Herrera de Morales”, respondió ella. Habían decidido combinar apellidos, como todo en su vida ahora, una fusión de dos mundos. La recepción fue en el salón comunitario del barrio. Manuel Sánchez, el inversionista más conservador, bailaba cumbia con doña Lupe, la vecina de Diego.

Laura enseñaba a los niños del barrio a usar su tableta. Los empleados de seguridad de Torre Ejecutiva brindaban con los ejecutivos japoneses que vinieron especialmente. Mira eso, Rodrigo apareció en la entrada. La seguridad se movió, pero Valentina los detuvo. ¿Qué quieres? Vine a desearles lo mejor. No te creo. Es verdad. Vendí todo. Yo voy a España. Voy. Marina me espera. Marina, tu examinante. Mi esposa. Nos casamos ayer. Valentina casi sintió lástima. Te deseo suerte. No la necesito.

Tengo dinero. Entonces te deseo amor. El amor es para los tontos. Exacto. Por eso somos tan felices. Rodrigo se fue. El último fantasma exorcizado. Todo bien. Diego la abrazó por detrás. Perfecto. Y Sofía firmando autógrafos es la heroína de su escuela por tener la boda más rara. Rara. Un CEO que se casa con un guardia en el barrio. Un exguardia que ahora es director de recursos humanos. Gracias a ti, no. Gracias a ti mismo. La empresa nunca había funcionado mejor.

Era verdad. En 6 meses, Diego había resuelto tres conflictos laborales, implementó programas de bienestar que aumentaron la productividad, 40%, y convenció a Valentina de abrir una guardería en cada planta. ¿Lista para la sorpresa? -Preguntó Diego. ¿Cuál sorpresa? Sofía apareció con un sobre. Ábrelo. Dentro de los papeles de adopción. Una niña de 4 años. Carmen como su abuela. ¿Cuándo? La conocemos hace un mes en el orfanato donde hacemos voluntariado. Te lo íbamos a decir, pero Sofia insistió en que fuera sorpresa de boda.

Una hermana. Valentina lloró. Una hermana que también necesita una familia. Sofía dijo seriamente, como yo necesitaba una mamá. ¿Estás seguro? Ya no serás hija única. Mejor así tengo con quien jugar cuando ustedes se pongan cursis. La abrazaron, su primera hija del corazón. Foto. Laura organizando a todos. En el centro, los novios empapados de lluvia, Sofía con su vestido rosa de flores. Alrededor de dos mundos unidos, ricos y pobres, jefes y empleados, todos iguales bajo la lluvia que no paraba.

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