Un brindis. Manuel alzó su cerveza. Por Valentina, que me enseñó que los mejores negocios se hacen con el corazón. Por Diego, que me enseñó que la sabiduría no tiene título universitario. Por Sofía, que nos enseñó a todos que la verdad no tiene edad. Salud, salud. La fiesta dura hasta el amanecer. Los ejecutivos aprendieron a bailar quebradita. Los vecinos aprendieron sobre los mercados internacionales. Sofía se durmió en los brazos de su nueva abuela, la mamá de Diego, que vino de Oaxaca.
"Féliz." Diego preguntó mientras bailaban el último baile. Completo. Sin tu ático, sin tu vida de lujo, tengo algo mejor. ¿Qué? Una casa en la doctores con patio para que jueguen las niñas. Un trabajo que ahora tiene sentido. Una familia que me espera cada noche. Y café horrible. El mejor café horrible del mundo. Se besaron bajo las últimas gotas de lluvia. Al día siguiente volverían a la realidad. Valentina a dirigir la empresa con nueva visión, Diego a revolucionar los recursos humanos con empatía práctica, Sofía a segundo grado y pronto la pequeña Carmen a casa.
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