A pesar de todo, Valentina sintió que sus labios se curvaban ligeramente. Eres muy dulce. Mi mamá está en el cielo. Papá dice que ella nos cuida. Tal vez también la cuide a usted. El corazón de Valentina se contrajo. Esta niña había perdido a su madre y aún así ofrecía consuelo a una extraña. Disculpe a Sofía, es muy platicadora. No, está bien. Valentina respiró profundamente. Soy Valentina. Mucho gusto, Valentina. La ambulancia no tarda. No puedo ir al hospital público. Las palabras salieron antes de poder detenerlas.
Sonaba exactamente como la snob que todos creían que era. La llevarán donde necesite ir. No tengo. Me robaron todo. Mi bolsa, mi teléfono, las tarjetas. Ya nos preocuparemos por eso después. No entiendes. No tengo cómo identificarme. No tengo cómo pagar. Diego se quedó callado un momento. Luego sacó su cartera gastada y delgada. Tengo 300 pesos. No es mucho, pero no puedo aceptar tu dinero. No es caridad, es un préstamo. Ni siquiera me conoces. Sé que está herida y necesita ayuda.
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