Héctor solicitó una audiencia de emergencia argumentando que había surgido material probatorio crítico que ponía en riesgo inminente al menor. El juez campos convocó a todas las partes en 48 horas. La sala del tribunal estaba tensa cuando se reanudó la sesión con una energía diferente a las audiencias anteriores. Valentina llegó con su equipo legal al completo, todavía proyectando confianza, sin idea de lo que estaba por venir. Roberto notablemente no estaba sentado a su lado, sino en el área de público, deliberadamente distanciado.
Cuando el juez dio la palabra a Héctor, el abogado pidió permiso para presentar nueva evidencia audiovisual. La pantalla en la sala del tribunal se encendió y durante los siguientes minutos, que parecieron horas, todos vieron el video de Valentina con Santiago. El audio llenó la sala, cada palabra venenosa amplificada por los altavoces del sistema judicial. Rosa, sentada en la galería pública, sintió lágrimas correr por sus mejillas, pero mantuvo la vista fija en Valentina, quien había perdido todo color de su rostro perfectamente maquillado.
El juez Campos observó el video completo, sin interrupciones, su expresión endureciéndose con cada segundo que pasaba. El silencio después de que el video terminó fue ensordecedor. El juez Campos solicitó una pausa de 15 minutos para revisar la evidencia. Cuando regresó, su voz era firme y sin espacio para ambigüedades. Esta corte ha revisado el material presentado y encuentra que constituye evidencia prima fasie de maltrato infantil severo y negligencia emocional calculada. En consecuencia, ordeno la remoción inmediata del menor Santiago Mendoza del hogar actual y su colocación en custodia temporal del sistema DIF mientras se completa la investigación.
Adicionalmente, otorgo una orden de restricción temporal contra la señora Valentina Duarte, prohibiéndole todo contacto con el menor. La fiscalía deberá evaluar si proceden cargos criminales. El mazo golpeó la mesa con un sonido que resonó como un trueno. Valentina intentó objetar su compostura finalmente quebrándose, pero su abogado Montero la detuvo, reconociendo que el caso se había vuelto insostenible. Patricia Moreno, presente en la sala como representante del DIFE, inmediatamente activó los protocolos de protección. En menos de 2 horas, Santiago sería recogido de la escuela por trabajadores sociales antes de que Valentina pudiera interceptarlo.
El rescate fue ejecutado con precisión institucional, pero con humanidad personal. Patricia y otro trabajador social fueron a la escuela privada de Santiago en Las Lomas, coordinando con la directora, quien había sido informada por orden judicial. Cuando sacaron a Santiago de su clase de tercer año, el niño estaba confundido y asustado. Patricia se arrodilló a su altura en el pasillo de la escuela con sus paredes decoradas con trabajos de arte infantil y le habló con voz suave. Santiago, me llamo Patricia, soy trabajadora social y estoy aquí para ayudarte.
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