Nueva Esposa del Millonario “Olvida” a su Hijo en el Sótano, Hasta que la Criada Hace Esto…

El doctor documentó todo en un informe médico detallado con lenguaje técnico pero comprensible. Déficit nutricional severo, evidencia de estrés psicológico prolongado, higiene inadecuada, retrasos en el desarrollo motor fino. Cada palabra del informe era una bala que Rosa estaba cargando en un arma que aún no sabía cómo disparar. La venganza de Valentina llegó más rápido de lo esperado. Alguien en la casa, probablemente el jardinero Manuel, que siempre había sido leal a la señora por razones que Rosa no entendía, mencionó haber visto a Rosa salir con Santiago en horario laboral.

Valentina no confrontó directamente, eso no era su estilo. En cambio, tres días después convocó a Rosa a su oficina impecable y la acusó de robo. Han desaparecido. Varias piezas de joyería de mi tocador, dijo Valentina con voz calma, pero cargada de veneno. El sistema de seguridad muestra que solo tú has tenido acceso a mi habitación en las últimas semanas. Era mentira, por supuesto, pero Rosa no tenía cómo probarlo. La despidió en el acto sin liquidación, amenazando con presentar cargos criminales si Rosa causaba algún problema.

Le dio 30 minutos para recoger sus pertenencias y abandonar la propiedad. Rosa subió a su cuarto temblando de rabia impotente. Guardó su cuaderno y su teléfono en su bolsa de tela y antes de irse encontró a Santiago escondido detrás de una columna en el pasillo. El niño la abrazó con una fuerza desesperada y Rosa le susurró al oído. Estoy aquí, mi niño. Aunque no me veas, estoy aquí. No te voy a olvidar. le puso en las manos un papel doblado con el número de teléfono de Patricia Moreno.

“Si algo pasa, llama a este número”, le dijo, sabiendo que era poco probable que un niño de 5 años pudiera usarlo, pero necesitando dejarle algo, cualquier cosa. Fuera de la mansión de Polanco, Rosa se sintió simultáneamente libre y encadenada, libre de la atmósfera opresiva de esa casa de apariencias perfectas y secretos podridos, encadenada por la culpa de dejar a Santiago atrás, por la incertidumbre de qué le esperaba sin su presencia para al menos mitigar el maltrato. Caminó por paseo de la Reforma con su bolsa de tela al hombro, esquivando turistas y oficinistas hasta llegar a un café pequeño, donde se sentó en una mesa de la esquina y llamó a Patricia Moreno.

La trabajadora social la citó esa misma tarde en su oficina. Rosa le contó todo sobre el despido, las acusaciones falsas, el abrazo final con Santiago. Patricia, con años de experiencia en casos similares, no se sorprendió. Es el patrón típico, explicó. Primero aíslan a la víctima, luego eliminan a los testigos, pero ahora tenemos que actuar rápido. El niño está en mayor riesgo sin tu supervisión. Patricia comenzó a hacer llamadas mientras Rosa permanecía sentada mirando por la ventana las palomas que picoteaban migajas en la banqueta.

Una de esas llamadas fue al licenciado Héctor Salinas. Héctor Salinas era un abogado de familia que había dedicado los últimos 15 años de su carrera a casos probono de protección infantil. Tenía su pequeño despacho en la colonia Doctores, un segundo piso con ventanas que daban a una calle ruidosa y paredes cubiertas de archiveros metálicos. A sus años había visto suficiente maldad disfrazada de normalidad como para no sorprenderse por nada. Pero el caso de Santiago activó algo en él.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.