“Mi madre”, dijo, “es la razón por la que estoy aquí. Me encontró cuando estaba completamente solo. Me dio amor, dignidad y todas las oportunidades que necesitaba para convertirme en quien soy. Nunca me dejó olvidar que yo importaba”.
“Mi madre es la razón por la que estoy aquí”.
Los aplausos fueron atronadores. No podía respirar. Ni siquiera podía aplaudir. Me quedé allí sentado con lágrimas deslizándome por las mejillas, sabiendo que nunca había estado tan orgulloso en mi vida.
Un año después, resbalé en el porche mientras sacudía una alfombra vieja. Mi cadera cedió y el dolor se disparó tan rápido y agudo que pensé que me desmayaría allí mismo, sobre el cemento. Intenté incorporarme, pero el mundo me daba vueltas.
Solo pude gritar.
Nunca había estado tan orgulloso en mi vida.
No había nadie alrededor.
Estuve allí tumbada casi veinte minutos antes de que mi vecina, la Sra. Lerner, me oyera y llamara a John.
Cuando llegó, tenía el pelo revuelto y la chaqueta medio cerrada, como si no se hubiera parado a pensar. Se arrodilló a mi lado y me limpió la suciedad de la mejilla.
"No te muevas, mamá", dijo. "Te tengo. Te lo prometo".
Después de la operación, no pude caminar durante semanas.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
