Nunca le dije a mi prometido que ganaba noventa mil dólares al mes. Siempre dio por sentado que vivía tranquilamente y ahorraba hasta el último centavo. Así que, cuando me invitó a cenar con sus padres, decidí hacer una pequeña prueba: presentarme como la "novia dulce y sin blanca" y observar cómo me trataban.

Su padre, Mark, intervino, preguntándole a Daniel si estaba «tomando buena decisión» al salir con alguien con «pocas perspectivas económicas».

Seguí sonriendo. No tenían ni idea de con quién estaban hablando.

Pero la chispa final surgió cuando Lorraine se inclinó hacia delante, miró directamente a Daniel —ignorando que yo estaba allí— y dijo:

«Parece dulce, pero tú puedes encontrar algo mejor. Necesitas a alguien que no te deprima».

De nuevo, Daniel no dijo nada. En ese momento decidí que estaban a punto de tragarse cada palabra.

Dejé la servilleta sobre la mesa y pregunté con calma: «Ya que el dinero parece tan importante esta noche, ¿puedo hacer una pregunta?».

Lorraine se animó. «Por supuesto, querida».

«¿Cuánto crees que debería aportar una mujer económicamente a un matrimonio?».

Mark respondió primero. «Idealmente, nada. Daniel es estable. Él proveerá».

«¿Y si gana más?», pregunté.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.