Padre soltero auxilia a mujer en víspera de navidad con auto varado… sin saber que era millonaria…

Lucía estaba poniendo la mesa con más cuidado del usual, como si quisiera que esta última comida juntos fuera especial. Buenos días, saludó Teresa, intentando sonar alegre, pero sin conseguirlo del todo. “Buenos días”, respondió Ramón. Y había algo en su voz que revelaba que él tampoco estaba bien con esta despedida. desayunaron en un silencio que por primera vez desde que se conocieron se sentía incómodo, no porque hubiera tensión entre ellos, sino porque todos sabían lo que venía después y nadie quería enfrentarlo.

Fue Lucía quien finalmente rompió el silencio. Teresa, prométeme algo. ¿Qué cosa? Que cuando regreses me enseñarás más sobre administración de negocios. Papá sabe mucho de mecánica, pero tú entiendes la parte que yo necesito aprender. Teresa sintió un nudo en la garganta. Te lo prometo, Lucía, y voy a regresar. No es un tal vez, es un definitivamente. Después del desayuno fueron al taller. La pieza había llegado temprano por la mañana y Ramón se puso a trabajar inmediatamente en la reparación.

Teresa lo observaba memorizando cada detalle, la forma en que sus manos se movían con seguridad sobre los componentes, la concentración en su rostro, el orgullo evidente en su trabajo bien hecho. A las 11 de la mañana, el vehículo estaba reparado. Ramón giró la llave y el motor arrancó suavemente sin problemas, como si los últimos cuatro días no hubieran ocurrido. “Listo”, anunció. Pero no había triunfo en su voz, solo resignación. “¿Cuánto te debo?”, preguntó Teresa sacando su billetera.

Ramón negó con la cabeza. “Nada, Ramón, no puedo aceptar eso. Es tu trabajo, tu tiempo. No quiero tu dinero, Teresa. Lo que hiciste por nosotros estos días, la perspectiva que nos diste, las ideas para el negocio, eso vale mucho más que una reparación mecánica.” Teresa sintió las lágrimas amenazando con caer. Entonces, déjame al menos pagar las piezas. Después de una breve negociación, acordaron que Teresa pagaría solo el costo de las piezas sin mano de obra. Era un compromiso típico entre dos personas que se respetaban mutuamente.

Cuando llegó el momento de subir al vehículo, Teresa se encontró paralizada. Este era el momento. Una vez que se fuera, todo esto podría parecer un sueño. Y si regresaba a su vida normal y descubría que estos días habían sido solo una ilusión, un paréntesis emocional que no podía replicarse en el mundo real. Lucía se acercó y la abrazó con fuerza. Vas a regresar, ¿verdad? No solo lo dijiste para hacernos sentir bien. Voy a regresar, prometió Teresa abrazándola de vuelta.

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